Pocas estructuras tienen tanta influencia sobre la capacidad del cuerpo para funcionar adecuadamente como el cerebro y la médula espinal, que juntos forman el sistema nervioso central. Y pocos sistemas tienen tanto impacto sobre el sistema nervioso central como el sistema cráneo sacral —las membranas y los fluidos que rodean, protegen y nutren el cerebro y la médula espinal.

 

            Cada día nuestro cuerpo se enfrenta a tensiones y estrés, y nuestras estructuras trabajan para compensarlo. Estos cambios hacen, con frecuencia, que los tejidos corporales se tensen, deformando el sistema cráneo sacral, lo cual, a su vez, puede causar la acumulación de tensiones alrededor del cerebro y la médula espinal. El resultado es una barrera para el funcionamiento saludable del sistema nervioso central y, potencialmente, para cualquier otro sistema con el que éste interactúe.

 

            Afortunadamente, estas restricciones pueden ser detectadas y corregidas utilizando sencillos métodos de palpación. Generalmente, mediante el uso de una presión de unos 5 gramos —apenas el peso de una moneda— los profesionales de la terapia cráneo sacral utilizan sus manos para evaluar el sistema cráneo sacral, sintiendo con suavidad varios lugares del cuerpo, a fin de evaluar tanto la facilidad de movimiento como el ritmo del líquido cefalorraquídeo latiendo alrededor del cerebro y la médula espinal. A continuación se utilizan técnicas de tacto ligero para liberar las restricciones existentes en cualquier tejido que ejerza alguna influencia sobre el sistema cráneo sacral.

 

            A través de la normalización del entorno circundante del cerebro y la médula espinal, y de la mejora de la capacidad del cuerpo para autocorregirse, la Terapia Cráneo Sacral puede ayudar a aliviar una amplia variedad de disfunciones, desde el dolor crónico y las lesiones deportivas hasta los accidentes cardiovasculares y las deficiencias neurológicas.